La Hontanilla de Villamanrique de Tajo

La Hontanilla. Un manantial con mucha historia.

Un bien patrimonial

El 18 de abril del año pasado la Dirección General del Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid remitió al Ayuntamiento de Villamanrique de Tajo un escrito clasificado como “Informe de la inclusión en Catálogo del Bien Patrimonial”, sobre el asunto: “Informe sobre la Conducción de agua del Manantial de la “Hontanilla” hasta el pueblo de Villamanrique y datación mediante termoluminiscencia de la tubería cerámica procedente del manantial de la “Hontanilla“.

En la conclusión de dicho escrito consta: “En consecuencia, y de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 4.2 de !a ley de 3/2013 de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, se informa:

Que ha sido incluido en el Catálogo Geográfico de Bienes Inmuebles del Patrimonio Histórico con el Código: CM/173/104 y como Bien de la Disposición Transitoria Primera. Siendo aprobada su inclusión en la resolución de la Directora General de Patrimonio Cultural el día 6 de abril de 2016, según constan en las copias de los documentos que se adjuntan.

Hontanilla 1

Fig. 1

Villamanrique tiene pocos “bienes patrimoniales” catalogados oficialmente por la Comunidad. Aparte de los dos más conocidos, Buenamesón y Las Salinas de Carcavallana, también lo está el castillo de Albuher o Alboer, declarado Bien de Interés Cultural el 25 de junio de 1985, como se puede ver en el “Catálogo de Bienes protegidos. Bienes inmuebles” de la Comunidad de Madrid. La inclusión de la Hontanilla en ese catálogo la convierte en el cuarto de los bienes patrimoniales reconocidos y, como el castillo de Albuher, es de propiedad pública. Quizás podría ser incluida en ese catálogo la parte alta de la iglesia parroquial, edificada en el siglo XVII con piedra de Colmenar, como los palacios de Aranjuez y Madrid, pero al haber sido recubierta la piedra con cemento en la última reconstrucción en 1962-64 no da la imagen que se espera de un edificio antiguo.

La Hontanilla con su acueducto es por tanto un bien de nuestro patrimonio cultural que ha sobrevivido al paso del tiempo, aunque parcialmente destruido. Este bien patrimonial debe ser conocido, respetado y cuidado por naturales, vecinos y visitantes asiduos de Villamanrique -pues tiene más de 500 años- para que no acabe por desaparecer, ya que durante mucho tiempo ha venido siendo víctima de destrozos, tanto por obras privadas como públicas, sin que nadie lo haya impedido. El pueblo que no conoce su patrimonio lo está condenando a la aniquilación y se condena a sí mismo a la pérdida de sus raíces.

El nombre

La mayoría de los vecinos de Villamanrique han visto o han oído hablar de la Hontanilla, con ese nombre en singular o con el plural, Hontanillas, o incluso con el de Entanillas, nombre este último incorrecto y que como tantos otros heredados del pasado se presta a confusión porque quien lo oye acaba no sabiendo su significado (Recuérdese, cómo ha quedado escrito en varias publicaciones, que Albuher se ha transformado en Arbuel, y el cerro Agudillo en cerro de la Abubilla).

Hontanilla es el diminutivo de hontana y si miramos el significado de esta palabra en el Diccionario de la Real Academia Española veremos que ofrece las siguientes acepciones: “1. Aparato para que salga el agua. 2. Obra de fábrica para una hontana. 3. En desuso fuente (‖ manantial)”. Es decir, que la palabra hontana era corriente en el castellano antiguo, aunque más tarde la H se convirtió en F y ahora decimos fuente o fontana tanto en nuestra lengua como en italiano que también la ha heredado de la palabra latina fons-fontis. Al pronunciarla en diminutivo estaríamos diciendo fuentecilla.

Eso es en efecto nuestra Hontanilla, un pequeño manantial o fuentecilla del que brota agua un poco salobre, pero apta para el consumo y especialmente para el ganado herbívoro, cuyas necesidades de sales en su dieta se verían satisfechas con el consumo de este tipo de aguas.

Pero si no fuera nada más que ese pequeño manantial ¿por qué ha sido declarada bien patrimonial, por nuestra Comunidad? Como vamos a ver es mucho más que eso, es una obra bastante compleja que comienza en un “qanat” o pequeña galería de captación del agua, formada por una estructura arquitectónica adintelada construida en piedra caliza y cubierta con piedra y tierra del mismo cerro en el que está enclavada, desde la cual el agua era conducida por un acueducto formado por tubos de cerámica de unos 33 cm. de largo y unos 9 de diámetro exterior, enterrados en una cama de hormigón formado por grava, arena y cal. Ese acueducto era de unos dos kilómetros de longitud, pues llegaba desde el manantial hasta las proximidades de la iglesia, donde seguramente hubo un abrevadero, y tal vez otro en la zona de la plaza del ayuntamiento, pues de allí a la iglesia la tubería era doble.

Un poco de Historia

Antes de examinar la obra con detenimiento, hay que destacar también su antigüedad, pues la datación por termoluminiscencia hecha en el Laboratorio de Datación y Radioquímica de la Universidad Autónoma de Madrid, la sitúa en 1.422 ± 44. Esto significa que fue construida dentro del período comprendido entre los años 1378 y 1466.

En cualquier caso, esta construcción es anterior a la existencia de Villamanrique con este nombre, cuando aquella parte que hoy ocupa el pueblo era conocida como el “ejido” de Albuher, porque allí estuvo la aldea de ese nombre, al menos hasta 1214, fecha en la que la Orden de Santiago y el Obispado de Toledo llegaron a un acuerdo sobre los derechos de su iglesia y otras de la zona. Luego Albuher y otras aldeas cercanas, como Valdepuerco, Alharilla, Salvanés, Testiellos, Biedma y la misma Viloria, entre otras, quedaron despobladas a causa de la política repobladora de la Orden de Santiago, que concentró la población en nuevos pueblos como Villarejo, Santa Cruz, Colmenar o Villarrubia, y a causa también de la crisis climática conocida como Pequeña Edad del Hielo (Siglos XIV-XIX), que generó hambrunas, epidemias y guerras a partir del siglo XIV y durante gran parte del XV. En el transcurso de esos dos siglos el territorio de Albuher y su aldea despoblada quedó integrado, junto con Villahandín, en la encomienda de Viloria.

Por los años en que fue construida la Hontanilla y su acueducto, a causa del despoblamiento, solo se conservaba de lo que fue la antigua aldea de Albuher -cuyas noticias escritas se remontan a 1099- la pequeña iglesia convertida en ermita de Santa María, edificio que luego sería la iglesia parroquial de Villamanrique. Próximas a ella habría algunas cuevas y unas cuantas cabañas formadas por muros de tierra apisonada y cubiertas “pajizas”, como llamaban entonces a las techumbres hechas con entramado de madera y carrizo o paja de centeno (ese tipo de edificio está documentado como vivienda en Castillo en el siglo XVI y en el pueblo en el XVIII). Junto a ese pequeño núcleo de habitación pasaba una importante vía pecuaria que enlazaba dos cañadas de la Mesta: la Galiana y la Soriana. Es el Camino Toledano, al que localmente llamamos Asperilla, por el que circulaban ganados trashumantes, a los que sería de gran utilidad el abrevadero de agua salobre, tanto por las pocas sales que lleva disueltas como por ser alternativa al río en caso de crecidas y aguas turbias.

Por varios datos documentales y la existencia del Toledano y otros caminos, y del acueducto, podemos deducir que el ejido de Albuher en torno a 1422 no era otra cosa que los restos de la aldea de ese nombre entre los que permanecía en pie la antigua iglesia transformada en ermita, y algunas cabañas, todo ello convertido en descansadero de ganados, tanto trashumantes como estantes de la zona, pues en su territorio tenían derecho a pastar rebaños de Colmenar, Villarejo y Fuentidueña, pueblos que como Albuher en aquella época eran dominio de la Orden de Santiago. Otro descansadero similar para la trashumancia era la Dehesa del Castillo, al otro lado del río. Puede que también hubiese en el ejido de Albuher eras para trillar el cereal que se recogía en tierras de pan llevar cercanas, pues esa era otra de las funciones de los ejidos y, como ya he dicho más arriba, formaba parte del conjunto la ermita de Santa María de Albuher, convertida más tarde en iglesia parroquial de Villamanrique, según acredita un apunte en un libro de visitas de la Orden de Santiago de 1537.

Ese ejido de Albuher lo mandó poblar en 1480 el comendador de Viloria y conde de Osorno, Don Gabriel Manrique, con vecinos de Belmonte de Tajo –el único pueblo cercano que no estaba bajo señorío de la Orden de Santiago, sino del Obispado de Segovia- y así nació el actual pueblo de Villamanrique según testimonio de otro libro de visitas. En el libro de ese año aparece reseñada una visita a la encomienda de Viloria cuyo texto dice: “El ejido de Albuher puéblase agora, que lo mando el conde poblar y ay diés vesinos en él; ay lugar de poblazgo para cinquenta vesinos, será grand provecho de la encomienda” (AHN, OO.MM., Lib. 1.064c, fol. 84)

Pero un siglo después, el 27 de noviembre de 1575, el acueducto de la Hontanilla hasta las cercanías de la iglesia ya no estaba operativo, como nos informa el testimonio dado por los vecinos del pueblo que respondieron a la encuesta para las Relaciones Topográficas de Felipe II. A la pregunta sobre cómo se abastecían de agua contestaron: “…en esta villa ay abundançia de agua porque se proben del río de Tajo, que está un tiro de piedra largo de esta villa; y no ay fuentes ni charcos si no es una fuenteçilla de agua salobre que está lejos de esta villa”. Es decir, conocían y usaban la fuentecilla pero no llegaba el agua hasta el pueblo.

Detalles del conjunto fuente-acueducto.

Hontanilla 2

Fig. 2

Personalmente, desde muy niño, me llamaron la atenciónlos restos de la tubería del acueducto que se iban descubriendo al realizar obras dentro el casco urbano del pueblo, tanto en el lado derecho de la calle de la Concepción, como en la calle de la Iglesia al hacer obras para las tubería de abastecimiento de agua en torno a 1954, y también cuando se hicieron las zanjas para el alcantarillado a principios de los años 60. En esta ocasión pude observar, y así me lo recordó varias veces mi gran amigo Juan Garvía, que la tubería era doble entre la plaza de la Constitución y la de la Iglesia. Esta peculiaridad me ha hecho pensar que podría ser un indicio de la existencia de un abrevadero en la zona de la plaza, hasta el cual llegaba una sola tubería que soltaba parte de su agua en un pilón y  seguía hasta la iglesia y desde ese pilón de la plaza salía el segundo tubo que llevaba el excedente hasta el pilón de la iglesia.

Hubo otros restos del acueducto muchos años a la vista, formado linde entre una era propiedad de Gabino Manzanares y la parcela municipal donde fueron construidas las casas para maestros a principios de los 60. Pero esos restos eran muy distintos y deduzco que llevados de otro sitio para hacer esa función divisoria. Eran distintos porque la cama de hormigón en la que iba embutida la tubería de cerámica era más grande y mucho más consistente; la mezcla de arena y grava llevaba mucha más cal  por lo que había fraguado con gran dureza y, además, tenía aspecto de haber estado a la intemperie y no enterrado como casi todo lo demás. De ello concluyo que pudo ser una sección del acueducto destinada al cruce de algún barranco, como el de El Pino o el de la Morcillera.

Cuando tuve la edad y formación suficiente para indagar acerca del origen y función de esa tubería, busqué obras parecidas y comprobé que podía ser de origen romano, pues había restos semejantes en lugares tan apartados como León, Cartagena y Cádiz.

En una observación más atenta de uno de los cortes que se habían producido por obras modernas, situado en el camino del  canal de Estremera, pude apreciar que el bloque formado por el tubo y la cama de hormigón que lo aloja, iba cubierto por una teja curva, característica que se observaba en otros cortes, por lo que pude deducir que se podría tratar de una obra posterior a la Hispania romana, tal vez de época musulmana por las tejas curvas.

Más tarde pude comprobar por otros detalles y excavaciones cercanas que ese tipo de tubería en cama de hormigón se había encontrado en la base del castillo de Villarejo de Salvanés con una datación del siglo XIV-XV, e incluso en Aranjuez había alguna obra parecida del siglo XVIII. Ante esta perspectiva la única solución para salir de dudas en cuanto a la antigüedad de la obra era hacer una datación científica y así se lo propuse a Doña Antonia Ayuso, la actual alcaldesa de Villamanrique, quien acogió la idea con entusiasmo y autorizó, de acuerdo con el resto de la corporación municipal, el gasto de los 925 € que valía recoger las muestras de forma adecuada por expertos y realizar el análisis de los mismos para una datación por termoluminiscencia. El resultado fue el expuesto más arriba: la conducción de agua de la Hontanilla es de hacia 1422, con un margen de 44 años de más o de menos.

CARACTERÍSTICAS DE LA OBRA.

Como ya queda dicho, la técnica utilizada es de origen romano y fue usada con pocas variantes durante la Edad Media musulmana y cristiana, prologándose su uso hasta el siglo XVIII.

La conducción de la Hontanilla presenta estas peculiaridades:

Hontanilla 3

Fig. 3

  • Los tubos (fig. 3) son algo irregulares en sus medidas: 33 cm. de largo; 7 cm. de diámetro interior y 9 de exterior, con pared de 1 cm., y 4,5 cm. el diámetro interno de la boquilla con 6,5 el externo. Están fabricados de forma muy artesanal, la irregularidad de sus paredes -algo torcidas- y la profundidad de los surcos de unión demuestran que no están hechos a torno sino de forma manual, con la primitiva “técnica del churro”, un cordón de pasta que se enrolla en espiral y se unen sus juntas a presión, girando el conjunto.
  • La cama (fig. 2): el tubo va guarnecido por un bloque de hormigón formado por cal, arena y grava, de unos 15×15 cm.
  • Las tejas: cubriendo el paquete formado por el tubo y la cama se encuentran tejas curvas.
  • Los ladrillos de base: en el tramo destruido durante el último ensanche de la carretera de Villarejo de Salvanés aparecieron unos ladrillos macizos, colocados de forma perpendicular al sentido de la tubería. Se conservaban dos enteros in situ, separados por unos 90 cm., pero había más fragmentos en la zona. Es el único tramo en el que han aparecido esos ladrillos, hasta ahora, y es posible que no se encuentren en otros tramos por las peculiaridades de éste, que al estar en una zona de arcillas y limos sedimentados por el arroyo del Valle, serían colocados para dar una base más firme al conjunto.

EL RECORRIDO.

El acueducto tenía una longitud aproximada de 2000 metros; no les faltaba razón a los  informantes de las Relaciones topográficas  de Felipe II, cuando decían que estaba  “lejos de esta Villa” (Fig. 4).

Hontanilla 4

Fig. 4 Recorrido del acueducto desde la Hontanilla a la zona de la iglesia

Su recorrido estaba dispuesto de forma bastante  rectilínea, salvo en los tramos que tenía que cruzar una vaguada, como el valle de la Morcillera y el barranco del Pino, donde hacía un quiebro.

Desde el barranco de El Pino hasta la ermita, y luego por el pueblo, seguía paralelo al camino que venía desde Villarejo, y entraba en la calle de la Concepción, cuyo tramo cercano a la ermita era conocido como El Boleo. Desde allí iba a la plaza del Ayuntamiento, donde al parecer hubo un pilar o abrevadero, y desde la plaza se dirigía hacia la iglesia, por la calle del mismo nombre, con una tubería doble, según se pudo apreciar, como queda dicho, en el corte producido por una zanja del alcantarillado en la confluencia de las calles del Conde y de la Iglesia.

LA CUEVA O QANAT DEL MANANTIAL.

Es sin lugar a dudas la parte mejor conservada y una obra muy meritoria y sorprendente. En su interior se encuentra una construcción adintelada de piedra caliza, de tipo dolménico, compuesta de 6 pilares -uno de ellos doble-; 5 dinteles que los unen, y sobre los que cabalgan las 4 losas que cubren el conjunto (Fig. 5). Las dimensiones de la construcción alcanzan un total de 3,41 m. de longitud, 1,46 de anchura y la altura de los pilares varía entre los 75 y los 120 cm. según su posición en el conjunto al haber sido adaptados al terreno de base (Fig. 6)

Hontanilla 5

Fig. 5

Este tipo de construcción o galería de captación de aguas, reforzado interiormente o no, fue introducido en España por la cultura musulmana con el nombre de qanat; la cueva de la Hontanilla es uno de ellos aunque, en comparación con otros que se conocen, de tamaño reducido.

A primera vista da la sensación de haber sido construido mediante una excavación a cielo abierto en la que se encajó la estructura arquitectónica y luego fue cubierta con material sacado de la excavación y del propio cerro en el que se esconde. Al menos la tierra, cascotes y otros materiales que se aprecian sobre el dintel de entrada parecen echadizos, aunque el tiempo y el salitre de las aguas los haya compactado.

El tiempo y la naturaleza del lugar se han encargado de transformar su aspecto interior, pues en la actualidad, tanto la estructura arquitectónica de piedra caliza, como las paredes del fondo y de los laterales, que se ven entre los pilares, están cubiertas por una masa de concreciones depositadas por las sales que arrastra el agua en su salida, formando en algunos lugares pequeñas  estalactitas de colores variados (Fig. 1).

El agua brota sobre todo de una boca que se abre en la pared del fondo del qanat, y en el hueco de la izquierda entre los dos primeros pilares. De los otros huecos también mana agua pero en forma de goteros; nunca ha tenido mucho caudal, pero también es cierto que no ha dejado de manar ni en los períodos de mayor sequía.

Hontanilla 6

Fig. 6. Sección longitudinal del qanat

De la cueva sale el agua mediante una pequeña zanja y por ella cae en la actualidad en la cuneta de la carretera. No se ve si la tubería llegaba hasta la cueva, y el primer corte observado -ahora oculto entre la maleza- se encuentra a unos 100 m de la boca de la cueva; tal vez aparezca algún día esa conexión con una excavación adecuada.

CONCLUSIÓN:

El conjunto formado por la cueva-manantial o qanat y el acueducto de La Hontanilla de Villamanrique de Tajo constituye la construcción más antigua que se conserva en las inmediaciones del pueblo, después del castillo; es por tanto uno de los elementos más importantes de su patrimonio arquitectónico, junto con el mencionado castillo de Albuher, el edificio más antiguo de su término, Buenamesón, Las Salinas y la cabecera de la iglesia. La obra en conjunto de la Hontanilla y su acueducto está claramente relacionada con el aprovechamiento ganadero del ejido de Albuher y posteriormente con la repoblación de la villa que dio origen a su nombre actual hacia 1480, en el lugar donde antes había estado asentada la aldea de Albuher.

Fue una obra que dejó de ser usada con pocos años de servicio, tal vez por su poco rendimiento y por no ser el agua más adecuada que la del río para las necesidades de la población. No obstante presenta una buena calidad técnica, tanto el acueducto propiamente dicho como el qanat, único que sepamos en la zona.

Fernando Cana García, 14 de julio de 2017.