Villamanrique de Tajo en las Relaciones Topográficas de Felipe II

El 8 de diciembre de 1575, dos vecinos de Villamanrique, Miguel Varón y Benito Sánchez, contestaron a una serie de preguntas sobre temas relacionados con la historia, la administración y la economía del pueblo siguiendo un interrogatorio mandado elaborar por el rey Felipe II y ordenado cumplir por el Ayuntamiento el 27 de noviembre, fecha en la que fueron nombrados dichos informadores. Por primera vez en la Historia de España un monarca quería saber algunos pormenores de los pueblos y ciudades de sus reinos: “Por haber entendido que hasta ahora no se ha hecho ni hay descripción particular de los pueblos de estos reinos, cual conviene a la autoridad y grandeza de ellos, habemos acordado que se haga la dicha descripción y una historia de las particularidades y cosas notables de los dichos pueblos”.

Para más rapidez en la indagación, el método seguido fue enviar a todos los ayuntamientos una Real Orden acompañada de un cuestionario con 59 preguntas muy diversas, de las que comentaremos aquí aquellas que presentan más interés. Todo este proceso de información fue canalizado a través de los gobernadores y corregidores o representantes reales en cada municipio sometido directamente a la corona; de los obispos, abades y arciprestes, en los territorios regidos por la Iglesia, y para los pueblos sometidos a un régimen señorial laico, como en el caso de Villamanrique, a través del corregidor de la villa de realengo más próxima, en nuestro caso el Gobernador del partido de Ocaña, que era donde Villamanrique pagaba los impuestos cobrados por la Corona.

Para más seguridad en la exactitud de las respuestas (en el fondo el cuestionario era una forma de conocer bien los recursos económicos para la aplicación de impuestos), se formaba una comisión integrada por dos o más informadores y anotaba las respuestas un escribano de aprobación real; como en Villamanrique no lo había, actuó como tal uno venido de Ocaña por designación del Gobernador. También estaban presentes dos testigos, Pedro de Lagasca y Juan Alonso, vecinos de Villamanrique, y tanto éstos como los informadores juraban fidelidad en las respuestas.

El expediente resultante de las respuestas al cuestionario realizadas por nuestro pueblo, Buenamesón y otros pueblos de la actual provincia de Madrid, fue publicado en 1987 por Francisco Javier Hernando Ortego y Carlos de la Hoz García en un libro que lleva por título “Relaciones Topográficas de Felipe II”, al cual seguimos aquí.

FELIPEII

A la primera pregunta respondieron que el pueblo se llamaba “Villamanrique rivera de Tajo”, pero confiesan no saber por qué se llamaba así, ya que, según dicen, no fueron ellos los fundadores.

A la segunda “dijeron que esta villa es nuevamente poblada, que hará que se pobló cuarenta y ocho años, y que uno de los fundadores de ella fue Diego Pérez, difunto y vecino que fue de la Villa de Pozuelo de Belmonte”. Eso significaría que Villamanrique fue fundado hacia 1527, información que coincide aproximadamente con la que en 1537 nos proporciona un libro de visitas de la Orden de Santiago cuando dice que la “Ermita de Santa María de Albuher pasó a ser iglesia del nuevo poblado de Villamanrique”. Sin embargo hoy sabemos por otro apunte en el libro de visitas de la Orden correspondiente al año 1480, que fue por esa época cuando el comendador de Viloria, don Gabriel Manrique, primer conde de Osorno, mandó repoblar el “ejido de Albuher”, es decir, Villamanrique. “El ejido de Albuher puéblase agora, que lo mando el conde poblar y ay diés vesinos en él; ay lugar de poblazgo para cinquenta vesinos, será grand provecho de la encomienda…“. Ciertamente la repoblación fue exitosa pues los 10 vecinos iniciales pasaron a ser 106 en 1573, cuando doña Catalina Laso de Castilla compró la jurisdicción de Villamanrique, desgajado de la encomienda de Viloria al rey Felipe II.

A las preguntas 3 y 4 responden que fue villa desde su fundación y que estaba integrada en el Arzobispado de Toledo y arciprestazgo de Ocaña (respuesta 10) y políticamente en el reino de Toledo “y solía ser hasta que se vendió tierra de la villa de Ocaña”.

A la sexta“dijeron que esta villa tiene al presente por escudo y armas las armas de Su Majestad y Orden de Santiago porque esta villa fue de la dicha Orden, y hará que se vendió a Doña Catalina Lasso como dos años”. La falta de recursos económicos de la Corona española en el siglo XVI, que produjo tres bancarrotas durante el reinado de Felipe II a causa de las guerras contra los turcos, Inglaterra, Holanda y Francia, y a pesar de la gran cantidad de oro y plata que llegaba de América, llevó a éste y anteriormente a su padre, Carlos V, a solicitar a los papas la venta de territorios pertenecientes a las órdenes militares. En nuestra comarca esas ventas afectaron a pueblos de la Orden de Santiago: Carlos V vendió la villa de Colmenar de Oreja y Felipe II desgajó Villamanrique de la Encomienda Mayor de Castilla para venderlo a una noble cordobesa, Doña Catalina Lasso de Castilla, que fue su primera señora jurisdiccional; en el siglo XVII sus descendientes serían nombrados condes de Villamanrique y poco después de la compra sería partido, al segregar la dehesa del Castillo y convertirla en villa, en la cual fue fundado otro condado a finales de es te mismo siglo.

A la octava contestaron que seguían pagando los impuesto reales (servicios y alcabalas) en la villa de Ocaña y que esta villa representaba al pueblo en las Cortes de Castilla.

A la novena respondieron que jurídicamente el pueblo estaba integrado en la Chancillería de Valladolid, hasta donde había una distancia de 40 leguas; en aquella época no había en la Corona de Castilla más que dos chancillerías o altos tribunales, la mencionada y la de Granada; la divisoria entre ambas era el río Tajo.

Las repuestas 13 a 16 hacen referencia a pueblos más o menos cercanos a los que se llegaba por caminos directos: Belinchón al este a 2 leguas; Villatobas al sur a 3 leguas largas y con camino que enlazaba con los de Villarubia y Santa Cruz de la Zarza; Colmenar de Oreja al oeste a 2 leguas largas, y Valdaracete al norte a 2 leguas largas.

A la diez y siete dijeron que esta villa está en la ribera del río de Tajo un tiro de piedra de dicho río, y esta villa está a la parte del norte; y es pueblo sano, y tierra llana y rasa, y tiene pocos montes; y de verano tierra cálida, y de invierno es fría

A la diez y ocho dijeron que esta villa es pobre de leña por no tener sino muypoca. Y la compran lo que más ha menester de Buenamesón y dehesa del Castillo y La Veguilla [los Bodegones] y otras partes a media legua de esta villa. Y que los montes que hay en esta villa son encinar, y hay atochas y carrascas y otras fustas; y que el monte tendrá alrededor de tres partes de una legua, y una cuarta de encinar nuevo y ralo; y que si alguna caza hay son liebres, perdices y conejos, y de esto poco porque es tierra rasa”.

IVRelacionesb

A continuación vienen las respuestas a preguntas relacionadas con la economía: recursos, infraestructuras, molinos, etc.

A la pregunta veintiuna “dijeron que esta villa tiene unas pocas de arboledas de membrillos y ciruelos en la ribera del Tajo, como dos tiros de ballesta de largo, y de ancho como un tiro de ballesta, por algunas partes más y por otras menos; y que la pesca que hay en el dicho río de Tajo son peces y anguilas, y que no hay judrías [cercados de palos y ramas que se hacían dentro del río, abierto por un lado y se cerraba cuando había pesca dentro atraída por cebo], ni corrales ni se pesca con otra cosa más que con anzuelo y cuadradas o nasas, y esto los vecinos algunos de ellos; y que no hay de renta [no pagaban por pescar] cosa ninguna.

“A la veinte y dos dijeron que en esta villa ni en su término no hay molinos ni aceñas ni puentes, sino sólo un barco que es de esta manera: que el vaso es del concejo de esta villa, y el hilo del agua es del Comendador Mayor de Castilla, Don Luis de Requesens. Y este barco se tiene para el servicio y provecho del concejo y vecinos de esta villa, y se concierta con la parte del Comendador por lo que puede por el derecho que tiene, y después el concejo lo arrienda por lo que más puede, que a más valer al concejo le vale un año con otro quince mil maravedíes. Esta era la situación de propiedad y explotación de la barca: la Encomienda, como parte integrante de la Orden de Santiago, era propietaria de lo que ahora llamamos la maroma, porque tenía el monopolio del paso del río desde Fuentidueña hasta Toledo, concedido por Alfonso VIII y confirmado en 1223 por Fernando III, y nadie podía cruzarlo, ni siquiera por vados, sin pagar un peaje. Existía un convenio de explotación con el Ayuntamiento de Villamanrique según el cual éste ponía la barca y pagaba un canon por el uso de la maroma; el Ayuntamiento a su vez lo arrendaba a particulares por una cantidad anual y obtenía, según dicen los declarantes 15.000 maravedíes anuales (394,7 reales). A mediados del siglo XVIII el Ayuntamiento no pudo pagar a la Encomienda la cantidad estipulada y fue una catástrofe para el pueblo, pues perdió por unos años el derecho a explotar la barca y, lo más grave, el comendador, para resarcir el impago, incautó el Monte de Villamanrique y el pueblo lo perdió para siempre.

En cuanto a la declaración de no haber en el municipio molinos ni aceñas (molino harinero de agua instalado en el mismo cauce del río) es cierta, pues aunque los había en Villaverde y en Buenamesón, el primero estaba en término de Santa Cruz y Buenamesón no fue parte del término de Villamanrique hasta el siglo XIX. Siglos antes los hubo en nuestro término cuando Villamanrique se llamaba Albuher, pues son citados en el documento de cesión de su territorio al Arzobispado de Toledo en 1099 y en un documento de la Orden de Santiago de 1153.

A la pregunta veintitrés dijeron:“en esta villa hay abundancia de agua porque se proveen del río Tajo, que está un tiro de piedra largo de esta villa; y no ay fuentes ni charcos si no es una fuentecilla de agua salobre que está lejos de esta villa. Y van a moler a los molinos de Buenamesón y de Santa Cruz, que están en el dicho río de Tajo a media legua, de esta villa”. Es un dato interesante el de la fuentecilla, pues indica que la conducción de agua que llegaba desde la Hontanilla hasta el pueblo o no existía aún o ya estaba fuera de servicio, caso más probable, pues un documento de la Orden de Santiago de 1552 contiene un informe sobre una sequía en Villamanrique durante la cual se buscaron soluciones para llevar agua a los pilares de la villa, una de las cuales fue la construcción de una zanja para aumentar el caudal en el “pilar viejo”.

A la veinticuatro dijeron:“que esta villa no tiene sino una dehesa boyal que está en término de esta villa [la Morcillera], de la cual goza el concejo para sus ganados mayores medio año, y el otro medio la Señora de esta villa, que la arrienda para ganados conforme al privilegio de población. Y que hay otro pedazo de tierra monte encinar, de poco aprovechamiento, que está vedado por Provisión de Su Majestad”.

La pregunta 26 decía: “Y si es tierra de labranza, las cosas que en ella más se cogen y dan, y los ganados que se crían y hay, y lo que comúnmente suele cogerse de los diezmos, y lo que valen, y las cosas de que tienen más falta, y de dónde se proveen de ellas”.

A lo que respondieron: “…que ya tienen dicho que de tres partes de tierra la una es de monte, y que las dos partes quedan para las viñas y arboledas y labranza, y así es tierra de poco pan coger: porque ellos… han visto seis cosechas de años atrás de pan, trigo, cebada, centeno y avena que es el pan principal que se coge y asimismo la avena y otras semillas, que éstas no entran en diezmo caudal porque son minucias… Y un año con otro se diezman e primician como hasta ochocientas fanegas de todo pan poco más o menos [lo que significa que se cosechaban unas 8.000 fanegas de cereal], y éstas se reparten en esta manera: que el tercero [el encargado de la tercia] y el escribano que hacen la tazmía [reparto] sacan de este montón la veintena parte por razón de sus oficios, y luego saca el arzobispo la tercia parte; y luego, de las dos partes que quedan se saca para el convento de Uclés la décima parte, la cual dicen que lleva ahora la dicha Doña Catalina Lasso con el demás diezmo que queda y derecho de escribano e tercero porque lo compró de Su Majestad. Que el pan no llega a los más vecinos a Navidad, y se proveen de los lugares de la comarca. Y que ahora de presente habrá en esta villa como dos mil cabezas de ganado lanar porque no se cría otro, lo cual anda, por ser tan estrecha la tierra como es y no tener pasto sino cuando el pan se alza [se recoge la cosecha] en dehesas compradas y en el común de Fuentidueña [en el monte de Fuentidueña tenían derecho de pasto los ganados de 7 pueblos que habían sido de la Orden de Santiago]; y así el diezmo de este ganado… es poco, y por esto el queso y lana y corderos tocantes a esta campana de Villamanrique se arrienda con las minucias. Y este miembro y el de la fruta de una arboleda que hay propia de los vecinos, que tendrá un tiro de ballesta de ancho y dos de largo, y unas pocas viñas que hay en el término se arriendan asimismo con las dichas minucias; y que éstas valdrán un año con otro cincuenta mil maravedíes pocos más o menos, y que también entran aquí todas cosas de minucias, legumbres, y potros, pollos, lechones y otras cosas”.

La pregunta 28 se refiere a las salinas que hubiese en el pueblo, y las canteras de jaspes, mármol y otras piedras estimadas; a lo que contestaron: “no hay qué decir”. Lo que significa que las Salinas de Cárcavallana aún no estaban en explotación, y no parece que lo estuvieran hasta mediados del siglo XVIII, según se desprende de algunos documentos del archivo municipal.

A la pregunta 35 respondieron:“las casas que hay en esta villa son echas de tierra, cantos y yeso, y algunas pajizas; y la madera harto de ello [en su mayoría] es álamo y sauce cortado en esta tierra; y en esta villa no ay canto sino de yeso, y la más alta casa será como cinco o seis tapias en alto; y la demás piedra se trae del término del Villarejo de Salvanés, y la teja de Colmenar de Oreja. Esta descripción de las casas nos ayuda a comprender por qué desapareció sin apenas dejar rastro Albuher, el pueblo que hubo en el lugar que ahora ocupa Villamanrique; sería una población cuyas casas en su mayoría podríamos llamar chozas, porque estaban construidas con muros de tierra apisonada y cubiertas con un entramado de palos de álamo y sauce que sujetaba una techumbre de paja de centeno; en algunas de ellas bajo esa edificación se cobijaba una cueva. El edificio más consistente era la iglesia que, al ser abandonado el pueblo, quedó como ermita de Santa María de Albuher, para luego convertirse en la primera iglesia de Villamanrique.

En cuanto a la pregunta 39 la respuesta fue: “esta villa tiene como cien vecinos, y hará que se pobló cuarenta y ocho años; y de los treinta años a esta parte se ha aumentado lo que más tiene en vecindad”. Teniendo en cuenta que el pueblo fue fundado hacia 1530 por unos 10 vecinos procedentes de Belmonte y Chinchón, no deja de sorprender el crecimiento experimentado en 45 años, pues la población se había multiplicado por 10 y, como dice la respuesta, ese crecimiento se había producido en los últimos 30 años.

La respuesta 40 nos informa sobre la estructura social. De los tres estamentos que componían la sociedad de la época: nobleza, clero y pueblo, no había nadie que perteneciera a la nobleza, pues la señora jurisdiccional vivía en Córdoba; el único representante del clero era el párroco y el resto de los vecinos formaban parte del pueblo llano; éstos eran los únicos que pagaban impuestos pues la nobleza y el clero estaban exentos: “en esta villa no se sabe que aya ningún hijodalgo ni exento si no es el cura de esta villa, y los demás son labradores y jornaleros pobres”.

Más información sobre la sociedad tenemos en la respuesta 42: “dijeron que habrá en esta villa como ocho o nueve labradores ricos de sus cosechas, y que habrá otros quince o dieciséis labradores medianos, y los demás es gente pobre y necesitada y jornaleros. Y en esta villa no se coge sino muy poco vino, y queaceite no se coge por no haber olivos”. Eso significa que un 25% de la población poseía el 100% de la riqueza agrícola, principal fuente de recursos, y el 75% estaba desposeída de ella y no contaba más que con su fuerza de trabajo cuando lo había; de aquí que muchas de esas familias desprovistas de propiedad tuvieran que vivir en precario mediante el trabajo del esparto. Esta situación de reparto desigual de la riqueza se perpetuó durante los siglos siguientes, incluso se acentuó con las desamortizaciones del siglo XIX cuando las grandes tierras de labor del Buenamesón, la Veguilla de los Bodegones, el Monte y la dehesa Morcillera fueron vendidas a grandes propietarios forasteros, y la dehesa del Castillo, que ya era propiedad privada, dejó de emplear en su explotación vecinos de Villamanrique.

La pregunta 44 se refiere a la organización de la administración civil y judicial; la respuesta fue: “en esta villa no hay justicia eclesiástica y ordinaria [tribunal real]. Hay corregidor [representante del rey en el municipio] y dos alcaldes ordinarios y dos regidores anuales y dos alguaciles -mayor y menor- y un escribano, y no hay otros oficiales de administración de justicia. Y que los regidores por año tienen a doscientos maravedíes cada uno, y al escribano -que es de la Señora- se le da de salario de propios de concejo cuatro ducados por año por los negocios de concejo.

En cuanto a los recursos de que disfrutaba el municipio para su funcionamiento responden a la pregunta 45: “que esta villa tiene de término tres cuartos de legua por donde más hay, en el cual está una dehesa que es del Comendador Mayor de Castilla, que se llama La Veguilla [de los Bodegones]. Y que esta villa goza con sus ganados de un común que llaman de Fuentidueña, que son siete villas. Y este concejo tiene una huerta que le renta diez u once ducados, y éstos y más se gastan en reparos de ella; y tiene una almotacenía [medidor oficial que cobraba por pesar o medir todo producto que se vendiera en el pueblo y pagaba un canon al Ayuntamiento por ejercer la profesión] que un año con otro le vale al concejo dos mil maravedíes, y un barco que vale al concejo -sacado lo que dan al Comendador- asta veinte ducados”. Como podemos observar no menciona ninguna tienda; eso significa que no las había, porque de haberlas tenían que ser propias del municipio y se arrendaban anualmente al mejor postor, como podemos apreciar en documentos del archivo municipal correspondientes a los siglos XVIII y XIX, época en la que el Ayuntamiento arrendaba la carnicería, la taberna y la tienda de abacería y mercería, y esos ingresos se invertían en gastos de funcionamiento, en pagar los salarios del escribano, el médico y el maestro, y si sobraba algo –rara vez- en pagar parte de los impuestos reales.

A la pregunta 47 responden: “que esta villa es de la dicha Doña Catalina Lasso de Castilla podrá hacer dos años, y que la jurisdicción civil y criminal es suya, y los diezmos del pan y semillas y minucias -sacada la tercia parte del pan, que es de la dignidad arzobispal-,…Y que la preeminencia que tiene al presente es que esta villa solía hacer su elección de los oficios [cargos municipales] conforme a la Orden de Santiago, y que ahora después que la dicha Doña Catalina Laso compró esta villa pone por oficiales [alcaldes, regidores, alguaciles y escribano] a quien le parece a ella”.

La respuesta 48 se refiere a la iglesia: “en esta villa hay la iglesia parroquial que se nombra Nuestra Señora de Albuher antiguamente, y el por qué se llama así no se alcanza a saber”. No es extraño que en un pueblo con un vecindario nuevo no se conozca el origen del nombre de su parroquia; ahora, con los documentos disponibles sí sabemos por qué se llama así.

La pregunta 52 era sobre las fiestas que se celebraban en el pueblo: “dijeron que en esta villa se tiene por votos a Santa Fe [6 de octubre], y se da en el dicho día caridad en el pueblo de pan y vino y queso por la pestilencia [una epidemia], que se votó y se guarda; y lo mismo el día de San Sebastián [20 de enero] -que se tiene vigilia y dan la misma caridad- es de caridad en el pueblo pagada con los propios del concejo, y se fundó por los pobladores que fueron de esta villa, que eran vecinos de la villa del Pozuelo y Chinchón; y también se guarda el día de San Gregorio Nacianceno [9 de mayo] por el cuquillo [una plaga] de las heredades [tierras de labor], y todo esto por la pestilencia”.

A la cincuenta y cuatro dijeron que en esta villa no hay hospital, sino que los vecinos de la villa recogen los pobres que a ella vienen de caridad. Y hay dos cofradías, una de la Santa Vera Cruz, y otra del Santísimo Sacramento; y éstas no tienen otra limosna más de lo que se allega de limosna en el pueblo.

A la cincuenta y cinco dijeron que esta villa no es pasajera [no pasaban por ella vías de comunicación importantes] sino muy poco, y esto de los pueblos comarcanos a la Corte [Madrid]. Y en el término no hay ventas ningunas porque el término es pequeño”. Posteriormente sí hubo un camino importante porque, según se deduce de algunos documentos del archivo municipal, por Villamanrique pasaba la “carrera de Madrid a Murcia” en el siglo XVIII.

A la cincuenta y seis dijeron que en la jurisdicción de esta villa al presente no hay pueblo ninguno despoblado, pero antes que se eximiese [de la Orden de Santiago] y vendiese a la dicha Doña Catalina había dos, que se llaman Viloria e Villa Andín, que son en la encomienda de Viloria, que no se sabe por qué se despoblaron. El territorio de Villamanrique antes de estar integrado en la Encomienda mayor de Castilla, con sede en Villarejo, lo estuvo en la de Viloria, y antes aún, en el siglo XII, todos esos territorios formaban la encomienda de Albuher; esas aldeas quedaron despobladas -Albuher de las primeras y por eso desapareció su encomienda-, en el transcurso de los siglos XIII al XV por motivos que aún no están claros.

A la cinquenta y siete dijeron que “en la jurisdicción de esta villa había una dehesa, que se llama la dehesa del Castillo, la cual se vendió a la dicha Doña Catalina Lasso. Yse hizo villa -esto hará un año poco más o menos- en la cual hay unos paredones de castillo muy viejo que no se sabe de quien era; y éste está en un alto a ojo del Tajo, y se llama hoy el castillo de Albuher, que al parecer debía ser fuerte”. La mencionada dehesa, segregada de Villamanrique se convirtió en un condado a finales del siglo XVII, cuyos condes vivían en Antequera (Málaga) donde poseían otras tierras; en un pueblo cercano, Fuente de Piedra, aún se conserva un caserón conocido en la localidad como palacio del conde del Castillo de Tajo.