BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE VILLAMANRIQUE DE TAJO.

Villamanrique es una población situada en el corazón del valle medio del Tajo, que ocupa una posición central en la comarca madrileña conocida como “Las Vegas”. Es la localidad más pequeña de todas la que integran esta comarca. No obstante, en tan reducido territorio, la Historia ha ido dejando sus huellas desde los tiempos más remotos.

Cuenca del Tajo_Las Vegas

Villamanrique en su entorno

Dentro del término de Villamanrique se han encontrado restos arqueológicos dispersos que atestiguan la presencia de habitantes desde la época paleolítica con hachas de piedra tallada y otros instrumentos de piedra de silex y cuarcita, cuya antigüedad se remonta a más de 100.000 años. Son herramientas de las bandas de cazadores que recorrían esta zona del valle del Tajo y que dejaron las huellas de su paso en las terrazas de sedimentación del río.

También se han localizado restos arqueológicos de las tribus de agricultores que, desde hace no menos de 6.000 años, se movieron por la zona y construyeron sus poblados de cabañas en montículos próximos a las tierras más fértiles de las vegas y de los valles que desembocan en el gran valle del Tajo. Se trata de restos cerámicos que abarcan un horizonte cultural que va desde el Neolítico final a la Edad del Bronce, incluyendo fragmentos de cerámica campaniforme, hachas pulimentadas, dientes de hoz, puntas de flecha talladas en silex y algún fondo de cabaña.

No faltan testimonios arqueológicos de los primeros tiempos históricos, como demuestra el hallazgo de fragmentos dispersos de cerámica ibérica y, sobre todo, de restos de villas romanas del Bajo Imperio en las que se han encontrado trozos de vasijas de distintos tipos, trozos de teja, pesas de telar y algunas monedas.

De la época visigoda se han encontrado dos pequeñas necrópolis, de poco más de 10 tumbas, que pueden ser un indicio de continuidad de habitación de las villas mencionadas anteriormente, por encontrase bastante próximas a ellas.

La presencia humana se acentúa y se hace más estable en el término de Villamanrique en la época musulmana. Es en ese momento histórico cuando aparece la aldea de Albuher, pequeño núcleo de población situado en el mismo lugar en que ahora se alza Villamanrique, y con un término que se extendía por ambas orillas del río. Albuher contaba en el siglo XI, en que fue conquistado por el rey de Castilla Alfonso VI, con pesquerías, molinos y tierras de labor en las que debía haber regadío, porque el mismo nombre de Albuher  nos indica que había una presa en el río o en alguno de los arroyos  que desembocan en él, o algún estanque. También había un castillo, cuyos restos aún se conservan en un cerro al otro lado del río frente al pueblo.

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Ruinas del castillo de Albuher

Este castillo fue un punto de defensa importante durante las épocas del Emirato y del Califato de Córdoba (siglos VIII al X), pues formaba parte de la línea defensiva de la marca media, en la que también estaban integrados otros castillos vecinos como los de Oreja, Alharilla y Zorita. También jugó un papel destacado durante las invasiones almorávide y almohade, para quedar definitivamente destruido durante la guerra de la Beltraneja en 1478, en el enfrentamiento entre los Manrique, partidarios de Isabel y el marqués de Villena, partidario de doña Juana.

Tanto el castillo como la aldea de Albuher sufrieron duros ataques durante los avances y retrocesos de la  Reconquista a lo largo del siglo XII. Superada esta época su territorio fue integrado en el extenso señorío que la Orden de Santiago había conseguido en la zona, pero en el siglo XIV se despobló, como otras aldeas cercanas, tal vez a consecuencia de las guerras civiles en Castilla y de las epidemias de peste que asolaron el reino, y también por la política repobladora llevada por la Orden, en competencia con el Obispado de Toledo. El territorio de Albuher, posiblemente ya despoblado, fue integrado en la encomienda de Viloria. Del antiguo pueblo solo quedó en uso su iglesia, que siguió incorporada al patrimonio de la Orden de Santiago con el nombre de ermita de Santa María de Albuher.

Cuando a finales del siglo XV, hacia 1480, fue fundado Villamanrique, esta ermita se convirtió en su primera iglesia, por eso su patrona llevó el nombre de Nuestra Señora del Albuher, aunque con el paso de los siglos la palabra se ha convertido en Arbuel.

El nombre de la nueva villa está claramente relacionado con la familia Manrique, varios de cuyos miembros ocuparon puestos muy relevantes en la Orden de Santiago. Seguramente fue don Gabriel Manrique, primer conde de Osorno, Comendador de Viloria y antes Mayor de Castilla, quien le dio nombre. Se sabe también que su hijo Pedro, desde la Encomienda Mayor atacó y destruyó el antiguo castillo de Albuher, en el que se encontraban tropas del marqués de Villena, su mayor enemigo durante la guerra de la Beltraneja (1475-1480); una breve referencia en el libro de visitas de la Orden de 1480 dice: “El ejido de Albuher puéblase agora, que lo mando el conde poblar“.

Villamanrique siguió siendo territorio de la Orden de Santiago hasta que el rey Felipe II, en 1573, desgajó su término de la encomienda de Viloria y lo vendió como villa de señorío a Doña Catalina Lasso de Castilla, junto con la Dehesa del Castillo.

“El mejor derecho a los títulos de vizconde de Castillo de Tajo y conde de Villamanrique, dados a don Francisco Laso de Castilla en 1658 [vizconde de Castillo] y 1666 [conde de Villamanrique]”.

En 1658, el rey Felipe IV, concedió a un nieto de Doña Catalina, Francisco Lasso de Castilla, el título de  Vizconde de Castillo de Tajo  y más adelante el de Conde de Villamanrique, aunque el decreto lo firmara después de muerto el rey su hijo Carlos II, en 1666. El título de Conde de  Villamanrique permaneció en la familia Lasso de Castilla hasta el matrimonio de la condesa Juana Lasso de Castilla con Don Antonio Fernández de Córdoba; desde entonces el apellido Lasso de Castilla pasó a un segundo lugar y el título de conde de Villamanrique se convirtió en secundario para los marqueses de Valenzuela.

En el siglo XVIII hubo un pleito entablado contra los condes por otro descendiente de Doña Catalina llamado Francisco Franquis Lasso de Castilla, quien consiguió ser usufructuario de las rentas de Villamanrique y usar el título de conde del Castillo de Tajo. Esta situación se mantuvo así hasta la desaparición del régimen señorial a principios del XIX. Al producirse ésta el condado de Villamanrique, que era señorío jurisdiccional, desapareció sin dejar a sus titulares más propiedad territorial que la mitad de los bienes comunales; sin embargo el Condado de Castillo era señorío territorial también por lo que los condes lo pudieron enajenar y fue vendido en su integridad y así permanece como latifundio.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XIX Villamanrique experimentó un crecimiento de su territorio y de su población, por dos hechos que vinieron a darle su configuración actual.

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Portada de la iglesia de Buenamesón

El primero fue la creación de las Reales Salinas de la Cárcavallana, que favorecieron el aumento de la población, y el segundo la incorporación a su término municipal del territorio de Buenamesón, que perteneció a la Orden de Santiago y a su priorato de Uclés hasta la desamortización, y del que aún se conserva su convento-palacio, edificio de finales del siglo  XVI y principios del XVII, remodelado en el XVIII, que es el monumento más destacado de la localidad y uno de los más importantes de la comarca.